lunes, 29 de octubre de 2007

HOMENAJE A PEPE VÁSQUEZ

HOMENAJE A PEPE VÁSQUEZ
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El nombre de José Vásquez Montero quizá no les suene mucho, pero si mencionamos “Pepe Vásquez”, eso cambia. Y es que es así como se le conoce a este importante cultor de la música criolla y sobretodo de la música afroperuana. Canciones como “Ritmo de negros” (Raíces del Festejo - Le dije a papá), No Valentín, o el no menos conocido Jipy Jay, entre otras son algunas de sus temas que lo han catapultado al éxito, a lo largo de estos 25 años de vida artística. A continuación, sabremos un poco más sobre la vida de este importante personaje.
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Pepe Vásquez Montero nació el 25 de noviembre de 1961 en Lima. Perteneciente a dos familias de tradición afroperuana. Por su familia paterna pertenece a los populares Vásquez, provenientes de Aucallama en Huaral. Su padre, don Porfirio Vásquez Aparicio, fue una de las primeras personas que comenzaron a rescatar las tradiciones negras. Mientras que por su lado materno, Pepe desciende de una de las familias de San Luis de Cañete que más logros le ha dado a la cultura afroperuana, la familia De La Colina. Su madre, Elia Montero de la Colina, es hermana de Caitro Soto de la Colina, y prima de Ronaldo Campos y Susana Baca.
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Pepe comenzó a cantar y tocar la guitarra a la edad de cinco años, y a componer en su adolescencia. No tuvo necesidad de estudiar en el conservatorio. Luego de terminar sus estudios secundarios y cuando poco a poco comenzó su carrera artística, empezó a poner en práctica lo que había aprendido de su familia Vásquez y De la Colina. Con sólo 12 años, Pepe junto a su mami participaron como coristas para el disco "La Voz de mi Tierra" de Alicia Maguiña de 1973, grabando las canciones "Za za za" y "La raíz del huarango".
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En los ochentas comenzaría su etapa como cantautor profesional. Una de las canciones más reconocidas es el Jipy Jay, una adaptación de un tema norteamericano que rompió esquemas en el ámbito local. Otro tema hecho popular es Ritmo de Negros, compuesto en homenaje a su padre, y que sería popularizado por Eva Ayllón.
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Este cantautor de nuevo cuño, impuso acordes y fusiones a la música peruana, adicionándole instrumentos de percusión propios del Caribe que enriquecen un género rico y complejo de por sí. Y es que el mejor compositor de música negra de los últimos tiempos ha demostrado que la tradición afro en el Perú se mantiene aún. Pepe está cumpliendo 25 años de trayectoria artística, y desde Cañete “su tierra querida”, queremos enviarle nuestras felicitaciones y agradecimiento por su firme labor en pro del folklore negro. Felicidades.
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lalitocy

jueves, 11 de octubre de 2007

DISCO "THE SOUL OF BLACK PERU" 1995

En 1995 David Bryne (de la compañía discográfica "Luaka Bop" inspirada en World Music) presenta la música afroperuana a su público produciendo el CD "The Soul of Black Peru", la primera grabación de música afroperuana de renombre ampliamente difundida en los Estados Unidos. Presentamos el disco completo y la ficha informativa que incluía el álbum. El disco completo puede ser escuchado en el siguiente enlace:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLLbkadbWO4sGz9hqvxIZo7r9d39211xhw
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Afro Peruvian Clasics: The soul of black Peru
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Esta es música es para muchos una música secreta, una colección de canciones hermosas que estuvo oculta por años en las ciudades y los barrios de la costa de Perú. No es la música de los individuos con flautas y tambores con sombreros de lana. Es la música de las comunidades afroperuanas. ¿Afroperuanas? Sí, Perú estuvo implicado también en el comercio de negros, y esta música maravillosa, es parte de esa herencia.
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Esta música sobrevivió dentro de las comunidades negras, y no fue aceptada fuera de esas comunidades hasta que la chispa del orgullo negro fue encendida en los años 60, y que se prolongó hacia los años 70’s y 80’s. Ahora en los 90’s, esta música es orgullo entre los discos de Perú, se vende en la calle junto al techno, a Megadeth y a grupos populares andinos. Y mientras que mantiene sus raíces, ha recuperado consigo los talentos creativos de los mejores músicos, escritores y poetas contemporáneos que han fomentado la evolución, el crecimiento y la extensión de esta música.
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Algunas notas sobre las canciones:
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Casa Blanca, Matarratones, Arona, Acarí, Cutuca, San Luis, San Regis, El Carmen, El Guayabo y Cañete, mencionadas en las canciones, son comunidades afroperuanas.
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Las tres danzas afroperuanas principales son el Landó, Zamba Malato y el Alcatraz. Toro Mata, Son de los Diablos, y Zamacueca son también danzas.
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Zig zag de una historia
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Hay historias muy antiguas que han a conocerse hace apenas unas décadas. Esa es, por ejemplo, la historia de la música afroperuana. La difusión, por tanto, de la música afroperuana empezó hace no más de cuatro o cinco décadas y su general popularidad no tiene más de 25 años. Es un folklor de la costa peruana que ha sido reconstruido en base a una afortunada reunión de artistas, historiadores y amantes del pasado. Y como todo parece invertido o doble en este cuento, empezaremos por el final.
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Hoy no es extraño ir a una fiesta o un bar musical en el Perú y que, tras una o dos horas de escuchar discos de los últimos éxitos de las listas norteamericanas o algunos de los más actuales intérpretes de salsa, empiecen a sonar los inconfundibles sones de esta música–antigua y nueva a la vez. No solo se combina bien con la música extranjera que se consume ahí sino que ha entrado a formar parte íntima e inseparable de todas las formas musicales actuales de los compositores nacionales. Del jazz al reggae, del rock a la canción melódica, los instrumentos y, sobre todo, los ritmos de la música afroperuana son un ingrediente natural, básico.
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Pero esto es solo el final feliz de una lenta historia que empezó con la tragedia, semejante en sus inicios a todas las historias de esa emigración forzada que significó la esclavitud en todo el continente americano. Esos comienzos de esclavitud, a mediados del siglo XV en el Perú, son bastante más confusos que en otras partes de América. Si en algunos países como Brasil o los Centro y Norteamericanos era habitual llevar grandes grupos de esclavos pertenecientes al mismo pueblo, al Perú llegaban pequeños grupos dispersos de étnias distintas que no permitieron la conservación comunitaria de una identidad común. Los esclavistas no traían ningún jefe, para evitar que alrededor de él se crearan células rebeldes. Sin idioma común, sin autoridades que les recordaran sus raíces, los esclavos negros del Perú se fueron integrando a la cultura y el idioma del país en el que fueron a vivir.
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La música afroperuana es, por lo tanto, una mezcla original y única de las tradiciones españolas, andinas y africanas. De España viene el idioma, la preferencia por ciertas formas poéticas como la décima y la copla, además de la guitarra como instrumento musical. De la cultura andina la afinidad con el espíritu animista y politeísta de ambas culturas, la melancolía de ciertas formas musicales como el Yaraví, el Hatajo de Negritos o la Danza de Pallas. De África ese increíble ritmo, visceral, congénito, y su expresión conservada de generación en generación a través del baile.
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El baile es, en el fondo, lo que da sentido a gran parte de esta música. Es algo que se deja sentir desde los primeros compases de este disco. Se baila el sufrimiento y la alegría, se baila en las fiestas y en los duelos, en el trabajo y en el descanso. En esta cultura, el cuerpo pide expresarse abiertamente, sin prejuicios.
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Una de las razones por las que esta antigua tradición se mantuvo marginada en los barracones de los esclavos y en los barrios negros de las ciudades después, fue precisamente porque esa libre expresividad corporal, sensual, erótica y festiva, resultaba demasiado evidente a las clases más conservadoras. “Indecente, inmoral, obscena,” eran palabras que calificaban estas danzas. De ellas se filtró como única muestra aceptada oficialmente la expresión más elegante de estos ritmos, a través de bailes como la marinera, que se bailaba en salones y fiestas.
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Quizá por eso no sea solo mera coincidencia que ese segundo nacimiento de la música afroperuana coincida con el fin de los años sesenta y el inicio de la década de los setenta. Los movimientos de liberación sexual y de orgullo negro que se reforzaron en esos años en otros países tuvieron su eco en Perú, aunque allí concurrían a su vez otras circunstancias políticas particulares. El inicio de una dictadura militar de izquierda favoreció las expresiones del nacionalismo y pudo tomar forma y darse a conocer el trabajo de muchas personas que hasta entonces habían estado trabajando en la oscuridad. Músicos, investigadores del folklor, bailarines anónimos y menospreciados hasta entonces, saltaron a la primera fila.
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Pero fue quizá la aparición de un espectáculo llamado Perú Negro, que rescataba música y danzas negras del país, lo que terminó por dar forma y nombre a algo que hasta entonces parecía disperso y, para muchos, imperceptible. Hasta entonces prácticamente no se hablaba de música afroperuana, con ese nombre, fuera de los círculos más interesados en ella. Toro Mata, incluido en el primer disco de esa agrupación, fue un hit y fue cantado hasta por la Reina de Salsa, Celia Cruz. Las atractivas coreografías de Victoria Santa Cruz impactaron a un país que buscaba entonces su “identidad cultural,” conscientes de los profundos cambios sociales necesarios para la recuperación de un país empobrecido. Para empezar era necesario conocerse mejor, sentirse orgulloso de ello, y este aspecto de la sociedad hasta entonces marginado, fue como una revelación.
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Se contagió la fiebre afroperuana de forma masiva y todo el mundo lo bailaba, imitando a Perú Negro. Se hicieron muy populares las divertidas danzas como Préndeme la Vela, en el que uno de los miembros de la pareja baila con un trozo de papel sujeto a la parte posterior de la cintura tiene que mover con energía y gracia las caderas para evitar que el otro la encienda mientras lo persigue -bailando también- para encenderla. Se multiplicaron los concursos de baile y zapateo (descalzo), hasta entonces relegados a los barrios y pueblos negros.
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Otro rasgo característico de la música afroperuana son los instrumentos que se utilizan para su interpretación. Pocas veces se habrá visto instrumentos musicales de más humilde procedencia y de mayor eficacia en su ejecución. Además de la guitarra, el único instrumento heredado de los amos, los esclavos tuvieron que improvisar sonidos con lo que tenían a mano. El principal invento es el cajón que es, en efecto, un simple cajón de madera sobre el que se sienta el instrumentista y lo golpea sujeto entre sus piernas. Actualmente no se usa un cajón cualquiera, son construídos por fabricantes de instrumentos musicales y, aunque el cajón no es tan sofisticado como un violín o una guitarra, sí debe estar sujeto a ciertas condiciones que permiten su máxima riqueza sonora. No hay escuelas donde se enseñe a tocar cajón y es imposible atrapar su ejecución en las partituras. Desconocido fuera del Perú hace unos años, ahora no es raro escucharlo en las composiciones de varios músicos brasileños o flamencos. El guitarrista español Paco de Lucía incorporó un cajón a su grupo hace más de diez años. Otros de los instrumentos propios de la música afroperuana son la quijada de burro (un verdadero maxilar de burro o caballo tratada para que los dientes queden algo holgados y vibren y al ser raspados con un huesito) y la cajita (una cajita de madera colgada del cuello con una tapa que se abre y se cierra rítmicamente).
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La selección que incluye este disco es una amplia introducción a la música afroperuana. Canciones como Samba Malató, Toro Mata, y Son de los Diablos responden a las raíces más antiguas y los bailes populares nacidos en los siglos XVII y XVIII como el Landó, Festejo, Alcatraz o Ingá. Sin embargo, es interesante contrastar las diferencias entre el landó de Lucila Campos y el de Chabuca Granda. La primera alude a las más profundas necesidades de alegría y sensualidad mientras la segunda es una dulce pieza melódica y contemporánea. Las canciones que interpretan las más jóvenes cantantes, Cecilia Barraza y Susana Baca están también unidas a sus antepasados pero con ese material de base han desarrollado otras formas más actuales.
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La población negra en el Perú no es muy abundante, aunque las mezclas raciales son tan variadas que ya es difícil hace tiempo hablar de razas. Las tradiciones de música y danza negroides se han conservado en sus formas más originales sobre todo en pueblos al sur de Lima, la capital, como Chincha y Cañete. Pero esta historia tiene de todo menos pureza. La música afroperuana como tal está aun en formación y tiene muchos rasgos que desarrollar. No es parecida a ninguna de sus hermanas caribeñas o brasileñas. Suena distinto, mueve distinto a las personas que la bailan. Y si su historia va para atrás o para adelante, para un lado y para otro, es quizá porque se está moviendo y no quiere dejarse atrapar. Porque nos invita a la vida y a los secretos de su creación.
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Fietta Jarque

Algunas notas sobre de los artistas
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La popularidad actual de la música afroperuana debe sus orígenes a los artistas y etnomusicólogos que insuflaron nueva vida a una tradición que por generaciones permaneció dormida. Uno de los pilares indiscutibles de la resurrección de la música afroperuana fue el poeta, compositor y musicólogo Nicomedes Santa Cruz. En los años 50 comenzó a compilar y rejuvenecer formas culturales afroperuanas; más tarde, como estudioso y defensor del movimiento Conciencia Negra, usó la radio y la televisión como foros por medio de los cuales llevó a la atención del público a muchos músicos afroperuanos desconocidos.
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El artista y folklorista Abelardo Vásquez fue Decano del Centro Peruano de Folklor Negro. Respetado como músico folklórico por derecho propio, Abelardo Vásquez se presenta regularmente en su peña afroperuana con varios miembros de su familia (hijo del legendario Porfirio Vásquez).
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Si otros ayudaron a resucitar la música afroperuana, Perú Negro puso este movimiento a sus pies. No obstante su fama por encender la locura por el baile afroperuano durante los politizados años 70, Perú Negro tiene también reputación por su autenticidad en la reconstrucción de canciones y bailes tradicionales. Original de San Luis de Cañete en el campo peruano, el director Ronaldo Campos de la Colina y su familia se han presentado en muchos países representando no sólo el folklor afroperuano sino también toda la cultura popular peruana.
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Los demás artistas reunidos en esta colección son herederos del legado de los tradicionalistas. Algunos popularizaron la música tradicional afroperuana incorporándola en sus ya existentes repertorios. Otros están expandiendo la tradición, agregando su propia idiosincrasia, sus propios rasgos característicos contemporáneos.
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Lucila Campos, cantante muy popular de peñas con muchas grabaciones exitosas, desarrolló un estilo vocal salsero que se distingue por las improvisaciones vocales cortas y el también improvisado diálogo con su grupo y con el público.
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Manuel Donayre es nuevo en este campo y empezó como cantante de valses, pero finalmente se convirtió en exitoso exponente de la música de sus ancestros. Sus canciones originales (tales como Yo No Soy Jaqui), afirman su propia identidad cultural y siguen el estilo tradicional de las canciones negras. Conocido por su característica voz aguda, Manuel Donayre podría ser considerado el Jimmy Scott del Perú.
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Cecilia Barraza, reconocida cantante del vals criollo que ha estado de moda desde principios de siglo en el Perú urbano, se distingue de otros cantantes criollos por su estilo que combina música tradicional afroperuana con canciones populares. Ella se presenta en Lima, su ciudad natal, así como en México.
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Chabuca Granda contaba ya con una larga carrera como compositora y cantante pop antes de descrubrir la música afroperuana. De hecho, no comenzó a componer landós hasta bien entrada en sus setenta años. Sus innovaciones incluyen agregar trompas y cuerdas a la instrumentación tradicional y, con Nicómedes Santa Cruz, elevar el contenido lírico de la música afroperuana a un nivel nuevo, el cual creó nuevos standards que ahora mantienenotros escritores. Ella escribió cuatro de las canciones de esta compilación (María Landó y Canterurias, así como las dos que ella misma canta).
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Eva Ayllón cuyo trabajo fue poco reconocido en los años 70, es ahora una de las más populares y célebres cantantes afroperuanas. Conocida como “la voz dorada del Perú,” se le da el crédito de haber hecho contemporánea la música afroperuana y llevar esta antigua forma musical rural a los grandes auditorios clásicos. No estrictamente cantante de música negra, también es popular como cantante de temas criollos.
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Creemos que no hay nadie mejor para terminar estos comentarios que Susana Baca, quien realmente fue la inspiración para este álbum. Su conmovedora interpretación de María Landó nos cautivó y convenció de explorar más acerca de esta música. Encontramos sorpresivamente que aunque su voz es excelente y es una cantante muy respetada, nunca ha grabado con una casa comercial en Perú. No obstante ser una dedicada estudiosa de las formas tradicionales afroperuanas, muy similar a la primera generación de músicos y etnomusicólogos afro-peruanos, Susana representa la nueva generación de cantantes y compositores de la más “sofisticada” música afroperuana.
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Publicado originalmente en el álbum de "The soul of black Peru" de la marca Luaka Bop. Textos de Gregorio Martínez y Fietta Jarque.

TORO MATA

TORO MATA
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Conocida por muchos como el himno de la cultura negra en el Perú, se hizo popular luego de ser grabada por la Asociación Cultural Perú Negro a comienzos de los setentas, y luego se volvería famoso fuera de nuestras fronteras al ser interpretada nada menos que por Celia Cruz y Jhonny Pacheco. Sí señores, estamos hablando del Toro mata. Pero… ¿qué es el Toro mata?
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La tradición de la corrida de toros (proveniente de España), fue uno de los espectáculos más populares que se desarrollaron en la época del Virreinato del Perú, y llegarían a ser parte integral de la cultura y folklore de los esclavizados africanos y sus descendientes. La tauromaquia peruana cuenta con representantes afrodescendientes desde el siglo XVIII (según José Antonio del Busto) como José Pizí, que fue figura del toreo en Lima entre 1766 y 1791; Ángel Custodio Valdez Franco, mulato que realizara aplaudidas faenas entre 1859 y 1885; y Rafael Santa Cruz, "la maravilla negra del toreo", de destacada trayectoria entre las décadas de 1950 y 1960.
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Una señal de su fama es el género musical conocido como Toro mata, muy popular en los valles de Lima, Cañete y Chincha (según William David Tompkins).
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En la década de 1930, Rosa Mercedes Ayarza de Morales, recopila y edita una versión de Toro mata, con un tono parecido a lamento. Asimismo en 1964, Nicomedes Santa Cruz expone en su álbum "Cumanana Antología afroperuana", un antiguo Toro Mata probablemente tomado de Manuel Quintana "Canario Negro":


Toro mata y... Toro mata
toro mata rumbambero,
ay, Toro Mata

No me cortes con cuchillo
que me sale mucha sangre
ay, Toro Mata

De igual manera, Nicomedes graba para el mismo album "Cumanana Antología Afroperuana" de 1964, extractos de un Toro mata en la canción "Ahí viene mi caporal":


El Toro mata compadre
el toro mata

La color no le permite compadre
hacerle el quite

El Toro mata compadre
el toro mata
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Por otro lado, en la actualidad es muy conocida la versión grabada por Perú Negro en 1973, obra de Caitro Soto. Tompkins refiere que es basada en fragmentos de un toro mata tradicional de Cañete. 
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Caitro Soto menciona en su libro “De Cajón”:
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"El Toro mata viene de lo que me contaba mi abuela, mi bisabuela. La canción la armé y la hice yo con cosas que me narraban mis ancestros. Hay también un Toro mata que es anterior al mío, es recopilación de la señora Rosa Mercedes Ayarza de Morales. Allí el toro mata al torero y no es landó con fuga, sino lamento; ella cantaba "ya lo llevan a enterrar, el toro mata".
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En mi composición, el "toro rumbambero" es el toro brilloso, bailarín. Esos toros que son bien agresivos. Creo que la palabra es africana. "Hacerle el quite" es sacarle la suerte al toro, pero por ser el torero un negro le quitan mérito y decían que "la color no le permite hacerlo". Por eso decían que el toro se había muerto de viejo y no porque lo hubiera matado. Pititi, que todavía esta vivo, era un muchacho que bailaba en Perú Negro y un día al verlo bailando el Toro mata, lo mencioné en la canción y ya quedó.
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Lapondé era un tambo al que se iba después de la corrida. Era como un centro de recreación, una choza donde vendían comida, trago y se divertían. Era en la misma hacienda El Chilcal (San Vicente de Cañete), donde era la corrida. Era como un corralón, no había plaza. Los negros se metían como todo espontáneo y a veces iban los dueños de las haciendas a ver, porque era su ganado. Y, una vez, allí encontraron a un negro que se había venido de Acarí, una hacienda que está por Palpa, más cerca de Nazca. El no se había enterado de la libertad. Se había venido escondido entre las cañas comiendo fruta y lo que encontraba para alimentarse, y fue a parar al valle de Cañete. Y hambriento fue a Lapondé, y por la marca de su cuerpo se dieron cuenta que no era de allí: “Este negro no es de aquí, caracra, cra, cra, cra". Esto último es un insulto, es una protesta con adorno a lisura. Inclusive lo querían matar porque no era de allí.”
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pág. 80-81, Empresa Editora "El Comercio", Lima, 1995

Tompkins alude que una parte fue extraído de un viejo festejo de Cañete: "Lima 'ta hablar y Cañete 'ta pondé". Una de sus entrevistadas fue Ernesta Laguna Indalecio, de San Luis de Cañete.
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Toro mata - Perú Negro. (Carlos "Caitro" Soto de la Colina)


Toro mata y… toro mata,
toro mata, rumbambero,
ay, toro mata (coro)
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La color no le permite
hacer el quite a Pititi
ay, toro mata, toro, torito.
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Toro viejo se murió,
mañana comemos caine,
ay, toro mata. (coro)
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Toro mata y… toro mata,
toro mata, rumbambero,
ay, toro mata.
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Ay, Lapondé, pondé, pondé,
ay, Lapondé, é, é (bis)
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Este negro no es de aquí,
caracra, cra, cra, cra;
este negro es de Acarí,
caracra, cra, cra, cra.
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Hay que matar a ese negro,
¿quién trajo a ese negro aquí?
caracra, cra, cra, cra.
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Ay, Lapondé, pondé, pondé,
ay, Lapondé, é, é
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En cuanto a la coreografía, Augusto Azcuez (de Lima) y Ernesta Laguna (de Cañete) recuerdan para la tesis de Tompkins, que el toro mata era un baile de pareja, que incluían pasos imitando la corrida de toros.
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En 1976, Tompkins recopila en San Vicente de Cañete, una versión del Toro mata poco conocida, que fue facilitado por Benedicta Rivadeneyra Rivas de Rivera (nacida en 1900, quien vivió a espaldas de la Municipalidad de San Vicente). La diferencia principal es el contexto del tema, ya que presenta un argumento político más que uno taurino:

Dicen que el Perú ha perdido, Toro mata
Bolivia lo anda buscando y no lo saca (bis)
No lo saca, no lo saca
no lo saca a este bandido, Toro mata(bis)


Yo te voy a matar
yo soy matador
yo te voy a matar
mátalo no más
a Pablo Canterac
que el Perú ha perdido, Toro mata.


No soy matador
No lo vo’a matar
No lo mato yo
Yo no mato más…

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Toro mata - Susana Baca. Recopilación: William David Tompkins.

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En el mismo año Tompkins graba otra versión en el caserío de El Guayabo, distrito de El Carmen, provincia de Chincha, región Ica. Al igual que en Cañete, esta versión también tiene un contexto político, originado probablemente durante o luego de la Guerra con Chile (1879-1883). Asimismo, existen otras versiones recopiladas en Lima. Lamentablemente no existe un estudio profundo sobre este género, solo William Tompkins dedica un capítulo de su tesis, a este género musical.


  • De Cajón, el duende de la música afroperuana. Caitro Soto. Carlos Soto de la Colina. Editorial El Comercio. 1995

  • Costa. Presencia africana en la costa peruana, relación de géneros, danzas e instrumentos musicales. Centro de Música y Danza Peruana de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 1992

  • The Musical Traditions of the Blacks of Coastal Peru. William David Tompkins. Tesis doctoral. Los Ángeles, 1982

lunes, 17 de septiembre de 2007

SABINO CAÑAS Y LA TRADICIÓN ORAL EN EL CENTRO POBLADO MENOR LA QUEBRADA

SABINO CAÑAS Y LA TRADICIÓN ORAL EN EL CENTRO POBLADO MENOR LA QUEBRADA
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Sabino Cañas cumplió sus bodas de plata de actividad artística y difusión de la cultura afroperuana el 24 de junio de 1995. La celebración se produjo en el Centro Poblado Menor La Quebrada, del distrito de San Luis, provincia de Cañete. Participaron Lucho Olivares, Judith Zúñiga de Ica, “Cenizas All” de Arturito Jr., Ana Cecilia, Octavio Lara, Julio Castillo y Carlos Reynoso; “Diamante Negrito” de Imperial y la Agrupación Cultural “Cañete Negro” de Pedro Flores Ruiz, entre otros(1). Fue un acto que concitó la atención pública y de los medios de comunicación.
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Como artista célebre y tenaz, el 12 de agosto del mismo año, Sabino Cañas recibió del burgomaestre Jorge Brignole Santolalla, Alcalde Provincial de Cañete, una resolución de reconocimiento por su contribución a la difusión del arte negro en el Perú(2). Este fue el preámbulo de una nueva etapa de su vocación artística y devoción religiosa, que ya se presentaba como un gran acontecimiento de la tradición de Santa Efigenia, para lo cual se inculcó a los moradores de todas las razas hacer suyo este proyecto popular.
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La organización de la fiesta de Santa Efigenia data de Semana Santa de 1995, cuando fue sacada por primera vez en procesión, orando y bailando festejo en su recorrido por la calle El Progreso del Centro Poblado Menor La Quebrada. Sin embargo, su aniversario se estableció formalmente el 21 de setiembre estableciéndose la “Comisión de Fiesta” para celebrar este acto conmemorativo. Los responsables fueron Sabino Cañas Angulo (Primer Mayordomo), Ángel Serva (Segundo Mayordomo), Patricia López Pazos (Secretaria), Lidia Quiñónez Angulo (Primer Vocal), Cecilia López López (Segundo Vocal) y Marcio Herrera Palma (Tercer Vocal) (3). Este notable acontecimiento cambiaría por completo la vida de los habitantes de La Quebrada puesto que, a partir de ese momento, la zona se convirtió en un lugar turístico.
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Luego de celebrada la misa, en horas de la tarde, se inició la procesión. Sabino Cañas, acompañado de un bongó y tres cajoneros, narró a través de su canto y a ritmo de festejo, la tragedia y origen de la santa.
Sus canciones “Santa Efigenia”, “Libertad” y las décimas “El esclavo”, “Gente”, “Quien soy”, fueron producto del fervor religioso y popular (4), “un artista y decimista de nota” (5), según se dijo en la escena local.
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Posteriormente, los hechos de la esclavitud son testimoniados por medio de la canción “Libertad”, la cual nos brinda un relato acerca de la trata de esclavos, que es rescatada a través de la tradición oral. Drama, tormentos y sufrimientos forman parte de la vida cotidiana de la población afroperuana.
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Paralelamente a este canto, aparecen alternadamente cuatro mujeres rindiendo homenaje y bailando al pie del anda de Santa Efigenia, luego avanza la multitud llevando en la mano una vela prendida. No hubo escenas místicas de dolor o tristeza, sino de alegría. Participaron de este acto gente negra, andina y de otras razas, que acompañados de oraciones y festejo, siguieron su recorrido.
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Luego de un breve descanso, se reinicia la procesión de Santa Efigenia. El bongosero y los cajoneros avanzan de posta en posta con la finalidad de no perder el ritmo, y la población continúa orando y cantando. Mientras tanto, otra décima testimonia la vida cotidiana: “El esclavo”. Esta décima resalta el sentir religioso de los esclavos. El esclavo se encomienda a Dios preguntándose porque es diferente.
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EL ESCLAVO
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Jesú de onde que soy yo,
seré del sur,
seré del norte,
de onde que soy yo.
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Entonce me acordé
que en el galpón donde dormía yo
tenía un alforjón,
y del saqué un papel
pero como yo no sabía leé
lo lleve al capataz.
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Y le dije así:
po favó mi amiito
quisiera uté decirme que dice ete papel.
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Él me miró, se sonrió
y me dijo así:
pon atención negrito
que en este papel dice así:
En la villa de Cañete
a un negrito capulí se vendió
a medio peso costó.
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Si seño como oye uté
a medio peso costó.
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Las décimas tienen un significado que refleja, al igual que la tradición, una síntesis de los testimonios el pasado y de la vida cotidiana de la población afroperuana; esto se observa en la composición “Ritmos negro del Perú”, escrita por Nicomedes Santa Cruz en 1957.
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Julio Luna Obregón

  • Efigenia, la santa negra. Culto religioso de los descendientes africanos en el valle de Cañete. Julio Luna Obregón. Ediciones: Centro de Articulación y Desarrollo Juvenil de Ébano. Centro de Desarrollo de la Mujer Negra peruana - CEDEMUNEP
(1) “Los 25 años de Sabino”, Al Día con Matices. Cañete, 16 de junio de 1995.
(2) Folletos Turísticos. Municipalidad de Cañete.
(3) “Comisión de fiesta” Festividad en honor a Santa Efigenia.
(4) Los títulos de sus canciones y décimas han sido tomados, para esta publicación, teniendo en cuenta el contenido del mensaje.
(5) "Suplemento Gráfico: Cañete..."

viernes, 24 de agosto de 2007

JOHNNY AL

CÉSAR AUGUSTO JOHN MIJULOVICH MARTÍNEZ
(“JOHNNY AL”)
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Hablar de César Augusto Mijulovich, es hablar de un muchacho como todos los demás. Pero hablar de “Johnny Al”, su seudónimo artístico, es hablar de un artista cañetano que inició su vida profesional como cantante en el año 1968, escalando posiciones que le permitieron formar parte del mundo del Criollismo.
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Laboró en los más reconocidos restaurantes y peñas capitalinas, alternando escenario con las figuras más destacadas del Criollismo Nacional.
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Su labor artística, más reconocida, la tuvo con el famoso Ballet “PERÚ NEGRO”, del que fue por cerca de una década su primera voz, y con el que recorrió diferentes escenarios del País, de América y del mundo.
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Hacia 1988 decide volver a su tierra querida, Cañete, y desarrollarse como promotor artístico, donde lo vino haciendo con mucho éxito y acierto, hasta que una infausta mañana, del 7 de diciembre de 1989, cuando se dirigía a su centro de labores, un proyectil certero, percutado del arma de un negligente vigilante particular, le cegó la vida, cuando bordeaba los 39 años de exitosa existencia.
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Mucho se especuló al respecto, lo cierto es que los responsables pasaron a formar parte de la inaudita impunidad que reina en los fueros judiciales.
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Sin embargo, nos atrevemos a decir que “Johnny Al”, fue, es y será por siempre el artista más lúcido que tuvo Cañete.
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¡Johnny Al Vive! ¡Y está cantando en La Gloria!
¡Resquiescat in pace!
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Pedro Martínez Muñante

ARTE NEGRO: EVOLUCIÓN Y REFLEXIÓN

ARTE NEGRO: EVOLUCIÓN Y REFLEXIÓN
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Eran los primeros años de la década de los 70 cuando se iniciaba la promoción del Arte Negro a nivel de Festivales. En Cañete la tranquilidad, el orden y la limpieza eran tan respetados como ver a un niño vistiendo el uniforme comando color caqui (con corbata y cristina). La idea surgió y muy pronto se convirtió en el gran certamen de todas las actividades programadas en marco a la celebración de la provincia, que dicho sea de paso se realizaban en la Plaza de Armas.
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En aquel entonces, muchos éramos niños, algunos no llegábamos a la década de vida, pero ya escuchábamos en las emisoras locales y en los comentarios de los mayores, la realización del Primer Festival de Arte Negro(1). Claro, quizás no entendíamos de lo que se trataba, pero era evidente la algarabía, emoción y expectativa en la población por disfrutar de un evento nuevo, y que además, pondría en escena representantes de Lima, Chancay, Chincha, Cañete e Ica. En fin, la idea entusiasmaba.(2)
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Mientras los niños crecíamos, el Festival de Arte Negro se iba convirtiendo en un elemento tradicional de las festividades. Con el transcurrir del tiempo, este evento nos iba identificando cada día con la cultura afroperuana. La emoción ya no era parte de la curiosidad del niño que escuchaba a los mayores conversar o dialogar sobre el primer festival, ahora ya jóvenes queríamos participar, algunos bailando, otros tocando o quizás simplemente observando y disfrutando de las hermosas coreografías de los grupos y de las propias candidatas.
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Crecimos un poco más y quienes solo veíamos a inicios de la década del 70 pasar a la población con destino al Estadio Roberto Yañez para espectar el Festival, ya al termino de la misma década, y luego de participar en los ensayos finales para el desfile escolar (representando a la G.U.E. José Buenaventura Sepúlveda), regresábamos a casa para solicitar permiso a nuestros padres para acudir al Festival. A veces nos otorgaban el permiso, pero muchas veces esté no era concedido. Cuando nos otorgaban el permiso, este era limitado, hasta cierta hora. Por ello, en algunas ocasiones solo disfrutábamos desde fuera del Estadio, pero igual, la algarabía, la música y el retumbar de los cajones se hacían sentir. Otras veces, también solíamos esperar que abran las puertas para ver la clasificación Final y la presentación estelar de Caitro Soto, Lucila Campos, Zambo Cavero, Ronaldo Campos, etc., pero ya estábamos un poquito mayorcitos y conversábamos sobre lo sensacional y lo cada vez más espectacular que estaba el Festival de Arte Negro.
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Pero los años fueron pasando, acabamos los estudios secundarios y tuvimos que dejar nuestra tierra para enrumbar hacia la capital. Así como los muchachos de la Av. Mariscal Benavides, muchos otros, de otros barrios de San Vicente, tomaron la misma decisión. Nuestra generación se dispersaba y marcaba el inicio de una nueva etapa en nuestras vidas, la madurez y los estudios nos absorbían por completo, y aún un poco lejos del terruño sentimos que nuestra relación y compromiso con la provincia se fortalecía.
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Es entonces, en ese momento (o quizás unos años antes), que surge algo que no he escuchado y/o leído en diferentes artículos escritos con relación al Festival. Cada uno de los emigrantes, de distintas generaciones, se han convertido en promotores y difusores ad honoren del Festival de Arte Negro.(3) (4) En conjunto, todo ello promueve y genera el turismo, y esté a su vez dinamiza la economía local, no solo de San Vicente sino también de los otros distritos, que en los últimos años han comenzado a surgir y ofrecen atractivos aún poco explorados.
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Luego, en 1990 el Ministerio de Industria y Turismo mediante Resolución Ministerial reconoce a la Semana de Cañete como una festividad de convocatoria nacional. Después, en enero de 1992 la Municipalidad de Cañete patentiza de manera definitiva al 12 de agosto como Día del Arte Negro. Luego vendría la Procesión de los Santos Negros, el Pasacalle Negro, el Concurso Afro gastronómico y la Misa Afroperuana, de los cuales, muchos aún no he admirado, pero intuyo que es producto de la perseverancia de quienes con ahínco se identifican con esta alegre cultura.
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Esta nota que empieza con describir de manera concreta la percepción infantil y adolescente del Festival de Arte Negro, busca explicar la trayectoria seguida por un Festival y su importancia para la Provincia. Por ello, se recuerda las actuaciones en los Colegios(5) con las danzas y décimas, el zapateo, la zamacueca y otras tantas danzas difundidas con entusiasmo y algarabía por nuestros paisanos de San Luis, Santa Bárbara, La Quebrada, Casa Blanca, Montalbán, Hacienda Arona, etc.
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En aquellos años se tenía que hacer algo para cultivarla y así lo entendieron las autoridades y personalidades del momento. Para muchos, ello significaba el reconocimiento de una cultura que si bien es cierto era valorada, debería ser mayormente promocionada desde uno de los lugares que la cultivan. Para otros quizás, significaba la búsqueda de algo muy cañetano que haga aún más significante nuestra celebración. Pero lo que es cierto, es el compromiso por mantenerla en un sitial, es decir, en la necesidad y capacidad de hacer de la celebración un evento que cautive y mantenga determinado nivel a lo largo de los años.
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Asimismo, debe entenderse que la promoción del Festival no solo pasa por una buena organización, la calidez y participación de la población también cuenta. Recuérdese que quienes tuvieron la brillante idea de convertir a Cañete en uno de los centros de difusión del Arte Negro, estuvieron respaldados por Autoridades, Agrupaciones, Artistas y la propia población, quienes en conjunto actuaron para que nuestra provincia resalte una de nuestras tantas expresiones culturales. Por ello, este arraigo social demanda cada vez un mayor compromiso por hacerlo mejor y solo lo lograremos con la integridad y mayor participación de quienes nos sentimos vinculados a esta hermosa tierra del Sur Chico.
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Finalmente, por lo descrito y si nos detuviéramos a pensar y reflexionar un poco, podremos apreciar que la evolución ha sido muy positiva, claro que es importante fortalecer la calidad del espectáculo, pero si queremos que el Festival se convierta en un producto de atracción nacional debemos los Cañetanos trabajar más, desde cada una de nuestras áreas de acción y con el compromiso de resaltar otras expresiones económicas, sociales, religiosas y culturales, que sumados al Arte Negro hagan una de las líneas de acción que propicien y hagan sostenible el desarrollo de nuestra Provincia.


Martin Ochoa De la Cruz
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* Fotos de Santiago Venturo: Festival Nacional de Arte Negro 1975

(1) Las emisoras Radio Fesa, Radio Imperial y Radio Estrella del Sur, estaban entre los medios que promovían el certamen. El diario La Provincia hacia lo mismo.
(2) El Primer Festival se llevo a cabo en el Anfiteatro del ACAR y luego, se realizaron en el Estadio, y para quienes vivíamos en la Av. Mariscal Benavides o Av. 9 de Diciembre, ver acudir gran cantidad de personas invitaba a sentarse en la puerta de su casa para ver pasar a la gente con ansías de diversión.
(3) Desde mi punto de vista una lección aprendida es dar mayor importancia e ímpetu a las acciones de Difusión. Muchos de los foráneos que llegan a Cañete para disfrutar del Festival quizás llegan por invitación de algún Cañetano.
(4) Sino preguntémonos, quién no ha invitado a sus amistades, compañeros de estudio y/o de trabajo, a visitar Cañete y participar del Festival.
(5) Recuerdo mucho a los hermanos Joya, grandes zapateadores.

jueves, 16 de agosto de 2007

TERREMOTO EN CAÑETE Y COMUNIDADES AFROPERUANAS

Ayer miércoles 15 de agosto, a las 6:41 p.m. se produjo un fuerte sismo 7.9 en la escala de Richter, cuyo epicentro se localizó a 160 Km. al suroeste de Lima. Las provincias más afectadas son Cañete, Chincha, Pisco e Ica. En Cañete hasta el momento según las cifras oficiales hay 5 muertos y más de un centenar de viviendas afectadas. Las víctimas son: José Navarrete Sánchez (56), Karen Ordóñez Gutiérrez (12), Víctor Sánchez Portuguez (61), Geraldine Gamboa Sosa (11) y Basilio Bustamante Páucar (75). Las condolencias del caso con las familias afectadas.
Se han derrumbado viviendas en San Vicente de Cañete, Imperial, Cerro Azul. Sin embargo se tiene referencia que los poblados de Lunahuaná, Hualcará y San Luis de Cañete son los más afectados por el terremoto. El templo colonial de San Luis fue devastado por el sismo, y según corresponsal de RPP la Iglesia de Imperial se encuentra en pésimo estado. Hasta el momento no hay servicio de luz. Las imágenes de a continuación son extraídas de Cañete Hoy.




















jueves, 2 de agosto de 2007

DÍA DEL ARTE NEGRO

DÍA DEL ARTE NEGRO
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Escribe:
  • Santiago Venturo Ferré (La Negritud en el Perú)

Un 12 de agosto de 1971, en Sesión de Concejo de Cañete, se tomó la decisión de realizar por primera vez en el Perú, un Festival sobre la Cultura Afroperuana: el Festival de Arte Negro. Es por ello que desde 1992 se celebra el 12 de Agosto: el DÍA DEL ARTE NEGRO.
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Cañete, en lo que corresponde a su historia y arte, ha merecido justo reconocimiento nacional e internacional. En 1990, el Ministerio de Industria y turismo, a través de la Resolución Ministerial N° 485-90-ICTI/TUR reconoce a la SEMANA DE CAÑETE como una festividad de convocatoria nacional. Algunos meses después (exactamente el 7 de enero de 1992), la Municipalidad de Cañete acuña y patentiza de manera definitiva al 12 de agosto como DÍA DEL ARTE NEGRO.
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Cada pueblo cuenta orgullosamente con elementos que los identifican, unas veces el folklórico o costumbrismo, aspectos turísticos, personajes honorables o famosos, productos de calidad prestigiada, etc. Es así como Cañete, la provincia ubicada al sur de Lima, capital de la República del Perú, en el marco de su historia fue uno de los lugares donde en aquellos tiempos del Virreinato se asentaron poblaciones de africanos llegados al Perú en calidad de esclavizados. La historia es exageradamente amplia como para tocarla en modesta intención de esta narrativa, sin embargo, vale decir que aquella historia del hombre negro, descansa sobre las bases de su “llegada”, “comercialización”, “calificación”, “labores”, “castigos”, “hazañas”, “cimarrones”, “abolición”, “emancipación”, “república”, y que, en el trajín de este trabajo fluirá como por encanto.

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Un cañetano que mantuvo viva esa inspiración en sus décimas y canciones fue: Álvaro Morales Charún. Alegre y cadencioso, y a veces en una fuga de vitalidad graciosa, quiebra, sonríe y reta. Cañete siempre contó con grandes bailarines, ¿Quién puede negar que Perú Negro es el grupo de música y baile más notable del Perú y cuyo prestigio ha paseado el nombre de la patria en casi todo el mundo?... Ese grupo fue fundado y dirigido por Ronaldo Campos, de San Luis de Cañete, integrante de una familia ligada a la tradición artística del pueblo. “Perú Negro”, estuvo integrado en sus comienzos por gente de Cañete, gente de Arona, San Luis, San Vicente, la presencia de Caitro, Lucila, "Colorao", Esperanza, Ruth, Rony, y el mismo Ronaldo, podríamos decir con mucho orgullo… Cañete presente en cuanto a la danza y el baile afroperuano, montando en una extraordinaria coreografía, plasticidad, destreza, creatividad y de sobremanera ¡Elegancia!
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El “Arte Negro” en nuestro medio está sólo considerado en lo que es la música y de lo que se derive de él, en pocas palabras debemos decir que “la música” debe contar con sus componentes como es: “Compositor”, “Intérprete”, “Músico” y “Danzante o bailarín”, de tal manera entendamos que estos “componentes integran la belleza artística de la música en todos sus efectos.
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Hablar de “la Composición” en la música o canción negra tenemos que reconocer que una de ellas es el “Toro Mata” por su calidad rítmica, melodiosa, dinámica y con argumento costumbrista, recopilada por Carlos Soto de la Colina, compositor, recopilador, músico, bailarín y jocoso criollo que además recopiló temas antiguos de Cañete y creó otros de su propia inspiración como “Yo tengo dos papás”, “A sacar camote con el pie”, “Yo no soy Jaquí”, “Canto a Cañete”, “Ollita Noma”, “Negrito de San Luis” y otros tantos que engrosaron el repertorio de la música con ritmo de raíz africana, “Caitro” como cariñosamente le conoce el Perú entero, nacido en el pueblo de San Luis de Cañete. San Luis, ese pueblito encantador que se ubica a 6 Km. antes de llegar a San Vicente de Cañete. San Luis, es tierra de famosos bailarines, compositores e intérpretes del Arte Negro Nacional. Contaba Caitro como anécdota, que de muy niño tuvo inclinación para el arte y el baile. Escondido debajo de los antiguos sofás, se quedaba mirando las fiestas negras que su familia continuamente organizaba. Nunca pensó que al cabo de unos años, esa faceta de su niñez, cobraría vida a través de la composición y el toque del cajón.
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Ahora nos toca hablar de los “Intérpretes” de la canción negra y de ello nos lleva de la mano hacia Manuel Donayre “El diamante negro”, Lucila Campos “Encanto y lisura de la música negra”, Pepe Vásquez, Susana Baca de la Colina, Alejandro Barbadillo, Arturo “Zambo” Cavero, Martha Panchano, Mercedes Traslaviña, Ángel Donayre y su grupo artístico “Los Maquina”.
Otros cantantes más que de una forma y otras son hijos de la misma tierra Cañete o de raíces propiamente cañetana.
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En cuanto a músicos, tercer componente de la música en sí, debemos destacar que la historia sagrada del pueblo viejo de San Luis de Cañete el mayor prestigio fue ser lugar de virtuosos músicos, aún me parece escuchar las acompasadas obras de su repertorio popular, clarinetes que se entremezclan armoniosamente con otros instrumentos de viento y percusión… Habría que escuchar esas verbenas, esos bailes, aquellas fiestas animadas por los músicos. San Luis (comentaba una anciana, fuente de nuestra historia) la fama legaba más allá de la capital del Perú!... en Cañete sonó un cuete!
Quisiera expresar lo más bello que he apreciado en la gente de San Luis, su rimo, gracia y quimba, el varón con pasos excelentemente marcados, llevando y trayendo a oído… la música, la dama respondiendo aquella comunicación, envuelve a su pareja con su ritmo
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Actualmente en Cañete, emulando a Perú Negro hay una agrupación denominada Cañete Negro y que a pesar de las dificultades, ha paseado el nombre de Cañete en numerosos escenarios del país y del extranjero, ganando numerosos eventos.
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Una feliz iniciativa del Concejo Provincial de Cañete, en el año 1971 presidida por su alcalde don Alfredo de Toro moreno, precisamente el día 12 de agosto de ese mismo año, se acordó llevar a cabo el primer Festival de Arte Negro con la elección de la “Reina del Festejo” en un marco artístico puramente costumbrista - folklórico de la música, poesía y belleza de la etnia negra con la finalidad de rescatar, elevar y preservar el folklore cañetano y por consiguiente hacer de este evento una “vitrina” en donde se puede lucir lo mejor de las manifestaciones artísticas negroide de los pueblos de todo el Perú en las que se conserven como tradición.
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El Primer Festival de Arte Negro, se realizó el 29 de agosto de 1971, fue precisamente en el gran anfiteatro “ACAR” de San Vicente de Cañete, la dirección artística estuvieron a cargo de Nicomedes y Victoria Santa Cruz, brillantes maestros, exponente del folklore afroperuano. Puede decirse que este primer evento es la partida del nacimiento de todos los demás concursos y festivales que se han instituido en todo el país. Aún Cañete vive la ilusión de realizar muy pronto del festival internacional.
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La importancia de Cañete en el Arte Negro no es el producto de un fanatismo exagerado, ni de capricho alguno, sino que es una aseveración lógica y de homenaje a uno de los lugares que le dio fuerza difusora al Arte Afroperuano a nivel nacional para elevarlo a su verdadero nivel, ubicándolo en el lugar que le corresponde. A partir del primer Festival de Arte Negro de Cañete, los espectáculos de este tipo fueron sumándose en innumerables eventos, pero ninguno como el de Cañete que anualmente, desde 1971, consagra a la negritud en noches de belleza y espectáculo, ritmo y sabor incomparables. ¡Así es Cañete Sí Señor!

Escrito por Santiago Venturo Ferré. Agosto 1996