martes, 27 de enero de 2009
DÉCIMAS – ÁLVARO MORALES CHARÚN
miércoles, 21 de enero de 2009
INAUGURACIÓN DE LA ALAMEDA CAITRO SOTO
INAUGURACIÓN DE LA ALAMEDA CAITRO SOTO
La tarde del 12 de enero último se inauguró en San Luis de Cañete la Alameda en homenaje a Caitro Soto, reconocido cantautor que convirtió antiguos temas del folklore negro cañetano en canciones de fama nacional e internacional, tales como Toro mata, Yo tengo dos papás, A saca camote con el pie, Canto a Cañete, entre otras. A la ceremonia asistieron Ana Soto Mendoza (hija de Caitro Soto), Omar Mendoza, Gilda Montero de la Colina (hermana de Caitro) y Susana Baca de la Colina, entre otros.
Sobre la obra, Anita Soto nos comenta: “La verdad me siento muy honrada de que San Luis, su tierra natal, le brinde un homenaje de esta manera a un hijo de San Luis, a mi Padre Caitro Soto. Agradezco a las autoridades, al señor alcalde y al pueblo de San Luis por conservar el recuerdo de un hombre que llevo en alto y con orgullo a su pueblo”.
Esta obra se encuentra en el Km. 137 de la carretera Panamericana Sur, en la entrada del pueblo de San Luis, zona de afrodescendientes, reconocida como uno de los centros del folclore afro en Perú y que cuenta con cajoneros reconocidos a nivel mundial, como Ronaldo Campos y el mismo Caitro Soto.
lalitocy
Fotos: Ana Soto Mendoza
sábado, 10 de enero de 2009
SUSANA BACA INVITADA AL ANIVERSARIO DE SAN LUIS DE CAÑETE
La ganadora del Grammy Latino, Susana Baca, es una de las invitadas de honor en los festejos por el 138 aniversario de San Luis de Cañete, uno de los centros del folklore afroperuano. A continuación sepamos un poco más de nuestra artista, quien además de ser cantante, es compositora e investigadora musical.- Al día con Matices. 5 de enero del 2009
- Revista Cosas. Perú Nº 406
- Foto: Archivo El Comercio
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jueves, 1 de enero de 2009
NAVIDAD NEGRA 2008 - SAN LUIS DE CAÑETE
martes, 23 de diciembre de 2008
ZAPATEANDO
lo mismo será mañana;
para jugar y perder,
machete, estate en tu vaina
Editor General: Bernardo Roca Rey Miró Quesada
Editor: Gabriel Valle Mansilla
Investigación: Claudia Balarín Benavides
Foto: Eduardo López Velarde
- De Cajón. Caitro Soto. Carlos Soto de la Colina. Editorial El Comercio. 1995
Contrapunto de Zapateo entre Caitro Soto de la Colina y Eusebio "Pititi" Sirio
ENTRE UNANUE Y ARONA
Este amplio valle llegó a tener en la playa de Cerro Azul, su propio puerto conectado con el indispensable ferrocarril para exportar algodón, y ahora -entre otros recursos- tiene unas casas haciendas que rastrean sus orígenes históricos a cuando el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, dispuso en 1556 la fundación de una villa de españoles en este lugar. Allí recibió tierras don Lorenzo de Arona, quién así dio nombre a la casa y los campos que expandiéndose o reduciéndose se conocen como la hacienda de San Juan de Arona. Por compra o herencia se le agregaron y7o desmembraron los fundos de Cerro Blanco, Gómez, Pepián así como las tierras Guayabal que luego formaron la hacienda Unanue y Montalván. Estos monumentos están marcados por los avatares del paso del tiempo en general y de la historia particular de los hombres y mujeres que allí vivieron acontecimientos mundiales tales como la Ilustración Europea, la independencia de las colonias de España en América, la abolición de la esclavitud, la inmigración oriental a este lado del Océano Pacífico, la Guerra con Chile y su recomenzar, las Guerras Mundiales y -por supuesto- la Reforma Agraria Peruana de 1970.
Agustín de Landaburu y Belzunce, español liberal, al morir sin descendencia en Europa -a comienzos del siglo XIX- lega estas propiedades donde había pasado su infancia y juventud, a su ilustre maestro y político peruano Hipólito Unanue y Pavón (1755-1833). Éste compra a Bernardo O’Higgins -prócer independentista chileno- la inmediata hacienda de Montalván que para mediados del siglo XX será propiedad del empresario y visionario político Pedro Beltrán Espantoso, propulsor de la modernización de la tenencia de la tierra y la vivienda en el país.
nadie, como si estuviese en casa propia, para no dejar más que el recuerdo de su paso… Este polifacético personaje contrae matrimonio con Rosa Correa, y encuentra tiempo para cuidar con identidad local y familiar de este monumento, cuya fragilidad estructural, constituye en estos días tanto una válida evidencia de nuestro fragmentado pasado como de la urgencia de su salvaguarda.
Los resquebrajados muros y torreones amenazan desplomarse con el próximo temblor natural o provocado por sus recurrentes turistas, por ahora, los escolares cañetanos que suben y bajan en tropel por las anchas escaleras que fueron hechas para el desplazamiento pausado. En sus habitaciones algún desvencijado mueble a medio depredar atestigua el despojo perpetrado, para -supuestamente- generar prosperidad. El abierto futuro que aquí se proyecta, ya ha interesado a potenciales inversionistas, quienes se desaniman ante la renuncia de sus actuales propietarios -Agrícola Cerro Blanco S.A.- para proceder a su puesta en valor.
rancisco Alayza Paz Soldán se instaló en 1952 -con su familia- en la desmantelada propiedad colonial luego de estar setenta años alquilada; para comenzar con la recuperación del campo, sus linderos y acequias, poco a poco a fueron rearmando la casa de sus ancestros y el mobiliario. La emoción de esta salvaguarda tocó la identidad familiar de Elvira Garezón Paz Soldán (hija de Pedro Garezón, último comandante del monitor Huáscar), quién les obsequia unos muebles de cuero con monograma, una inmensa mesa de comedor, y -entre otras cosas- unos jarrones chinos.
Los esposos Alayza -en su tercera edad y acompañados de su hijo Roberto- nos han acogido en el amplio patio corredor de entrada de su hogar en Arona, nos han llevado a la capilla presidida por la imagen de la Virgen de la Asunción que Fernando VII, Rey de España, regalara a Hipólito Unanue, hemos entrado a la señera biblioteca; de su sala engalanada con óleos y fotografías familiares hemos pasado a almorzar en el alargado comedor con sus floreros repletos de geranios rojos, acogedores y
propiciadores de una fluida conversación que no soslaya el abrumador contraste entre la Casa Arona y el Castillo Unanue.- BIENVENIDA. Turismo Cultural del Perú
- Texto: Mariana Mould de Pease. Historiadora especializada en la conservación y uso del patrimonio cultural.
- Fotos: Roberto Fantozzi
VIDEO CASTILLO UNANUE
VIDEO CASA HACIENDA ARONA
lunes, 8 de diciembre de 2008
LUCHAS Y PASIONES: EL SIGLO XXI SUENA CON TAMBORES
LUCHAS Y PASIONES: El siglo XXI suena con tambores
El historiador cubano Manuel Moreno Fraginals recuerda una frase que resume en muchos sentidos el clima de asfixia y pasión en el que se desarrolla la cultura africana en nuestro continente: "El problema aquí es no morirse". Signada por la urgencia más extrema, golpeada por la violencia física y psicológica de la esclavitud, la comunidad negra hizo de la expresión musical un espacio de supervivencia moral desde su establecimiento en América. Un espacio que se convertiría, entrado el siglo XX, en el más potente y variado abanico de manifestaciones musicales del mundo: el blues, el jazz y el rock and roll en Estados Unidos; la zamba en Brasil; el son, el mambo y el guaguancó en Cuba; el merengue en República Dominicana; el candombe en Uruguay, etcétera.
¿Cómo fue la cosa entre nosotros? Para el maestro Octavio Santa Cruz, guitarrista y especialista en tradiciones musicales del Perú, lo que hoy llamamos música afroperuana tiene una presencia real desde la Colonia, pero es una presencia ambivalente. "Conforme la noción de lo criollo va ampliándose y reconfigurándose en la sociedad, la cultura negra empieza también a transformarse y a introducirse como un elemento importante en ese complejo proceso de mestizaje".
Según Santa Cruz esa ambivalencia se sostiene en el aspecto social: la población negra, marcada por la marginalidad de un estatus inferior, ve cómo su acervo cultural impregna al país sin poder sentirse parte del fenómeno.
Igual que en el caso del blues estadounidense, la génesis de la música afroperuana está en el campo, en las largas y tortuosas jornadas de trabajo. Santa Cruz explica que esas expresiones musicales originarias surgieron de modo absolutamente espontáneo, como una forma de marcar el ritmo en la actividad laboral --el corte de la caña, por ejemplo-- y de aligerar la monotonía y el malestar del trabajo forzado.
"También es probable que haya habido una serie de cantos más dramáticos, en los que se hacían explícitas la tristeza y la opresión. Cantos improvisados en el galpón, a espaldas de los capataces". Nada de esos cantos ha sobrevivido hasta nuestros días seguramente porque eran vistos como propulsores de subversión y, en consecuencia, censurados, prohibidos.
Santa Cruz pone el ejemplo del panalivio. "Al parecer el panalivio era un canto rebelde, muy intenso, fuerte, y sin embargo lo que ha llegado hasta nosotros es un tipo de tonada dulzona, cadenciosa. Yo imagino que ha sufrido todo un proceso de transformación para subsistir, y probablemente por eso se parezca poco al original".
Pero la censura no respondió solo a una estrategia práctica de represión. Con el tiempo fueron apareciendo una serie de reparos y trabas de orden moral. A mediados del siglo XIX algunos bailes de innegable carga sensual, como la zamacueca o la mozamala, empezaron a introducirse en la sociedad criolla, pero generaron situaciones complicadas, pues se tachó de 'pecaminoso' a todo aquel que los practicaba.
A inicios del siglo XXI vemos que el mestizaje ha sido inevitable. Y ciertamente provechoso. Como dice Luis Delgado Aparicio en el libro "Lo africano en la cultura criolla": Hemos vivido "el triunfo cosmopolita y universal del tambor". Pero también se ha perdido mucha información cultural valiosísima: géneros musicales enteros han desaparecido, víctimas de esa vieja cadena de censuras, o de indiferencia y desidia.
En los últimos treinta años la cultura afroperuana se ha visto revalorada en gran medida por la magnífica obra de los hermanos Nicomedes y Victoria Santa Cruz, y hoy la comunidad negra no solo brega desde los territorios de la creación musical y artística sino también desde la reflexión académica y la intervención política. Y la lucha continúa. (D.O.)
El Dominical. El Comercio
Domingo 16 de noviembre del 2008
Jorge Paredes
RITMO Y COLOR: LA ESCRITURA NEGRA
RITMO Y COLOR: La escritura negra
Tras centurias de infortunio y segregación para su raza, la población afroestadounidense recién abordó los cenáculos de la cultura oficial entre 1920 y 1930. En la década de los 20, la comunidad negra de Harlem, en Nueva York, desbordaba en su creatividad artística, principalmente por el apogeo del jazz y del rhythm & blues. Músicos como Duke Ellington o intérpretes como Bessie Smith eran acogidos como estrellas, aún fuera de EE.UU. Con ellos renacían, también, la danza y el teatro de raíces negras.
Esta ebullición cultural propició el surgimiento del llamado Renacimiento de Harlem con el que narradores y poetas de estirpe negra ingresaron de lleno a la Literatura estadounidense. Su principal influencia era la música popular negra que les dictaba ritmos sincopados, imitación de sonidos e improvisaciones, similares al jazz. Los poetas pioneros en esta exploración fueron Carl Dunbar y Langston Hughes, que en su poesía hablaban del orgullo racial y exhortaban a cultivar una tradición cultural afronorteamerticana. La impronta de este movimiento es tal que más tarde influiría a la generación beat y muy recientemente a los trovadores populares de música rap.
El Renacimiento de Harlem también era heredero de los "spirituals" que se cantaban durante las ceremonias religiosas de la comunidad negra y del folclor de los esclavos negros en general. Otros representantes de este movimiento fueron Zora Neale Hurston (novelista y antropóloga), Nella Larsen (novelista), Jessie Fauset (editor, poeta, ensayista y novelista), Countee Cullen (poeta), Claude McKay (poeta), James Weldon Jonson (poeta), Arna Bontemps (poeta) y Richard Bruce Nugent (poeta), entre otros.
En los años 50 y 60 el movimiento de escritores negros participó de manera entusiasta en la lucha por los derechos civiles de su comunidad y produjo una literatura fuertemente política, que se extendió hasta principios de los años 70, sobre todo entre los poetas. De esos años el vate más celebrado fue LeRoi Jones (que se rebautizó como Imamu Amiri Baraka) y le seguían June Jordan, Dudley Randall, Nikki Giovanni, Naomi Long Madgett, Mae Jackson, S. E. Anderson, Etheridge Knight, A.B. Spellman o James Emmanuel (que tiene un célebre poema llamado "Pantera negra", de simbólica alusión al movimiento radical negro del mismo nombre). El corte político de sus poemas no disminuyó la musicalidad ni el brío de sus predecesores, empleando además el sarcasmo, el verso corto, la polirritmia y una emotiva intensidad.
Otros ámbitos
Curiosamente, en los años 20, en las regiones de África de influencia colonial francesa se produce también un gran movimiento que origina la aparición de poetas y narradores africanos de valor. En 1920 aparece en Senegal un libro para niños que funda esa expresión, Les Trois Volontés de Malic, del escritor Ajmadú Mapaté Diagne. La eclosión de los poetas y escritores que rápidamente se sucedieron va aparejada con obras como la del poeta galo Blaise Cendrars, que de niño había vivido en Egipto, quien publica su "Antología negra", fuertemente influido por esa cultura, en 1921.
La ebullición de la cultura negra se expande a otros continentes. En 1928 se inicia en Cuba el "negrismo" cubano, también influido por la música de la isla (principalmente el son) y por la santería de la tradición abakuá, como bien ha observado Alejo Carpentier. En 1930 aparecerá el poemario "Motivos del son" del emblemático Nicolás Guillén, y al año siguiente su no menos célebre "Sóngoro Cosongo".
En el Perú, que también tiene lo suyo, el más celebre representante de las letras afroperuanas es el decimista Nicomedes Santa Cruz. Con él figuran Gregorio Martínez (y su espléndida novela "Canto de Sirena"), el chinchano Antonio Gálvez Ronceros (con el emblemático "Monólogo desde las tinieblas") y el poeta cañetano Enrique Verástegui, de afán más cosmopolita. (E.S.H.)
El Dominical. El Comercio
Domingo 16 de noviembre del 2008
Jorge Paredes.
- Foto: 3i Noticias
ÁFRICA EN AMÉRICA: LAS RAÍCES DE UN CONTINENTE


- Eduardo López
- Lorry Salcedo
- Octavio Santa Cruz
- Percy Castañeda
- Kateryn Hidalgo
sábado, 15 de noviembre de 2008
SUSANA BACA EN "VUELVO AL SUR"
domingo, 19 de octubre de 2008
¿TURRÓN DE DOÑA PEPA ES NATURAL DE CAÑETE?
El turrón es Doña Pepa es un dulce popular y tradicional en nuestro país, consumido preferentemente en octubre, ya que la tradición de este dulce está relacionada con la festividad del Señor de los Milagros. Este dulce atribuye su nombre a Josefa Marmanillo, una esclavizada cañetana de la época colonial, quien en agradecimiento al Cristo de Pachacamilla, viajaba año tras año para ofrecerle su dulce a quienes acompañaban al Cristo Moreno.
Caitro yo recuerdo… HINCADO ANTE EL SEÑOR DE LOS MILAGROS
HINCADO ANTE EL SEÑOR DE LOS MILAGROS
Yo soy muy religioso. En mi casa todos creían en Dios y mi mamá me hizo devoto de Santa Ana para que fuera mi protectora. Cuando era pequeño hubo una corrida de toros allá en San Luis de Cañete. Era en un corralón y yo tendría unos seis o siete años. El toro se escapó y toda la gente partió la carrera y mis hermanos se subieron al camión. Sólo quedamos abajo mi hermano menor, una prima hermana que era de mi edad y yo. Y el toro se me venía y los subí no sé cómo y cuando me trepé he sentido clarito el aliento del toro. Entonces perdí el conocimiento y me dio un ataque de perniciosa, eso que se te tuerce todito el cuerpo. El médico dijo que si me daban más de tres ataques me moría; y me dieron siete pero me salvé por mi tío. Él, después de Dios, me ayudó a curarme. Desde ese momento me hicieron devoto del Señor de los Milagros y comencé a usar el hábito.
Con mi familia hemos formado una hermandad en Lima. Yo solito mandé a hacer un Cristo pintado, exactamente igual al que hay en las Nazarenas. Ahora tienen el cuadro en la parroquia de mi barrio y para las celebraciones de octubre lo sacamos en procesión. La primera vez fue lindo, emocionante.
Siempre he cargado el santo sepulcro de San Luis de Cañete, desde la edad de dieciséis años, y lo hago hasta ahora que tengo sesenta y uno. Antes cargaba con mis hermanos, uno en cada vara. Son seis cargadores delante y seis detrás al morir mi hermano Enrique, cargaba con uno de mis primos. El anda es igualita a la de Santo Domingo. Para Viernes Santo viajo especialmente hasta Cañete y, después de cargar, con las mismas me regreso.
Caitro Soto de la Colina, 1995
Editor General: Bernardo Roca Rey Miró Quesada
Editor: Gabriel Valle Mansilla
Investigación: Claudia Balarín Benavides
- De Cajón. Caitro Soto. Carlos Soto de la Colina. Editorial El Comercio. 1995









