sábado, 29 de marzo de 2008

Antonio Quispe y DE LA PAMPA...

La Asociación Plurietnica Impulsora del Desarrollo Comunal y Social (APEIDO), es una institución No Gubernamental relacionada a la comunidad afrocañetana. Este sábado último, pude conversar con el señor Antonio Quispe Rivadeneyra (integrante de APEIDO y ex alcalde de San Luis) en su casa de la calle Santo Solano. En aquella tarde, logramos conversar sobre varios temas ligados a la cultura negra de San Luis. Al final de la charla me obsequió el libro de APEIDO que obtendría el primer puesto en la Feria de Desarrollo del Banco Mundial: “DE LA PAMPA: La Presencia Afroperuana en el desarrollo de la agricultura en Cañete”.
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Y es que, APEIDO presentó en el año 2002, un proyecto denominado “La agricultura y la presencia afroperuana”, en el que se analizaba la situación de la comunidad afro en San Luis de Cañete en torno a la actividad agrícola. Dentro del proyecto presentaron este texto a la Feria del Banco Mundial, done obtuvieron el primer lugar. Luego de la Feria, se realizaron varios talleres con el fin de revalorizar el folklore del hombre y mujer de origen africano en Cañete.
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Este libro es muy original, ya que además de narrar la situación del hombre sanluisino en el agro, se pueden leer vivencias de afrocañetanos de la tercera edad, y un análisis de los relatos.
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Este es el prólogo, escrito por Susana Baca de la Colina:
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Si quisiéramos encontrar en el Libro "...de la pampa", de Antonio Quispe Rivadeneyra, la información sesuda y erudita correríamos el riesgo de que la fragilidad documentaria nos interrogue sobre la verdadera presencia de los descendientes de los africanos en esta zona de hermosos valles y de una historia ya contada con los dolores de la esclavitud.
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Pero un libro de esta calidad no está para sentar las bases ni para considerarse como un estudio académico, sino más bien está concebido como una forma de dejar constancia que el proceso de inserción de los descendientes de africanos, traídos como esclavos a estas costas, y el proceso de mestizaje que se produjo a su llegada, son lo más valioso de un aporte invalorado por la historia oficial, por la sociedad estamental en sí misma y por los mismos habitantes de nuestro país, y en este caso de los que heredaron con dolor y pobreza esta tierra promisoria que dio y dará en sus frutos la supervivencia de una identidad nacional.
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Entonces es aquí que se valida su propuesta documental, la misma que nos llevará a través del testimonio, del retrato personal de estos hombres en el tiempo, a sus carencias y nos guiará al reconocimiento de lo no conocido, de lo no relatado, de lo que la cotidianidad de las gentes hace en los pueblos; sus tradiciones, y hace de la historia un proceso de hombres y mujeres que asumen sus sueños y los proyectan sin ningún otro objetivo que afirmar que sobrevivieron a su tiempo y la desesperanza del mismo.
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"...de la pampa" no recorre las estadísticas y las formas de producción, nos ubica tan sólo en el contexto de sus personajes porque, independientemente de las circunstancias históricas, estos desheredados no tenían otra forma que aportar con discreción y sin hacer notar cuánto conocimiento traían de su pasado desde las costas africanas, porque la sociedad incipiente del Perú de aquel entonces castigaba mas bien, y en este caso, el conocimiento.
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Nada ha podido aportar más a mis recuerdos, olvidados recuerdos, que repasar una a una la historia de estos hombres y mujeres que transcurren en las páginas de este libro, como lo que mis abuelas casi en secreto contaban, están ahí, aquí sus testimonios de seres simples, de emociones profundas y sueños no realizados. Nada de estos relatos me es ajeno y nada será ajeno para quienes como yo, y muchas más gentes del Perú, tenemos que recordar los procesos de junta y exclusión a los que fuimos sometidos y que en las memorias de este libro se vislumbran puras, porque no es la palabra del autor las que las convierten en relatos sino que son ellas misma las que nos hablan desde sí.
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El Valle de Cañete, famoso por su rica tierra para la agricultura, nos hace detener los ojos en su paisaje lleno de promesas, de un mar abierto y generoso pero que nos provoca respeto.
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En la palabra de estos testimonios está mi propia fantasía para vislumbrar la casa de San Luis de Cañete donde se crió mi abuelo, Luis de la Colina, hijo de doña Plácida, nacida esclava y que aprendió a tocar el piano en la casa de los patrones. Placida, de grande fue dulcera y montada en su mula vendía dulces de pueblo en pueblo, cantaba y tocaba el órgano en la iglesia en los días de guardar.
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El abuelo Luis tuvo muchos hermanos, todos trabajaron de jornaleros en el campo, seguro ese campo tan verde y tan bello guarda gotitas de sudor de ellos y de tantos otros. Pero con ellos no está escrita la historia de mi país, por eso me emociono al leer estas vidas presentes en el rescate del trabajo que propone Antonio Quispe Rivadeneyra, en este libro. Creo que él abre una puerta para hacer el justo reconocimiento al aporte de los afro-peruanos en el agro y su contribución al desarrollo de la agricultura de este Valle de Cañete. El libro que ahora describimos da las pautas para que otros investigadores sigan el camino de hacer de la historia y el tratamiento académico a partir de las vivencias personales de los hombres y mujeres que nunca tuvieron la oportunidad de contar su propia historia. Ojalá se vaya el temor y ojalá podamos reconciliarnos a partir de ella.
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Mientras escribo esta nota contemplo la única herencia que don Luis le dejó a su hija: el baúl de mi Abuelo.
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Susana Baca
18/08/2003
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Muchas gracias al señor Antonio por el libro y por su tiempo, sin lugar a dudas otro personaje de San Luis de Cañete.
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Eduardo Campos Yataco