Revista Sí. 1991
Jhony Laurente
Declarar a Cañete "Cuna y capital del arte negro peruano", ha despertado la vieja rencilla entre esta provincia y Chincha, que también se disputa la paternidad del folclore negro. La propuesta que partió de la Cámara de Diputados ha sido calificada como "una ocurrencia impertinente" por el poeta cañetano Enrique Verástegui y el narrador chinchano Antonio Gálvez Ronceros. Ambos salomónicamente proponen, para amainar los ánimos, nombrar a una, "capital de la conservación del arte negro" y a la otra, "capital del arte negro".
Todos los negros del sur bailaban despreocupadamente hasta que apareció el proyecto de ley del diputado Germán Gutiérrez, cañetano de corazón y militante del movimiento Ayllu. Bastó que el parlamentario propusiera, en setiembre de 1990, una ley que declarase a Cañete como "cuna y capital del arte negro peruano" para que los chinchanos se pusieran en pie de guerra.
Uno de los primeros en saltar de su curul fue el diputado cambista y chinchano Francisco Pachas. No sólo eso, el 2 de setiembre último presentó al pleno de la Cámara Baja un proyecto de ley para declarar a Chincha como "cuna y capital del arte negro del Perú". Con ello, el lío entre Cañete y Chincha parece haber comenzado.
Ambas provincias argumentan ser depositarias de la cultura negra y aseguran haber recibido en el siglo XVI a los primeros negros que desembarcaron del África como esclavos.
Historiadores como el cañetano Luciano Correa Pereyra, por ejemplo, basan sus apreciaciones en documentos dejados por los cronistas de la época. Según el punto de vista cañetano, avalado por su concejo provincial y por la población en general, fue a Coaldas (o Santa María de Cañete) donde llegaron negros misangas, cambundas, quimbas, congos y caravelíes. Ellos constituyeron la fuerza productiva en las haciendas en las haciendas Arona (Matarratones), La Quebrada (San Juan Capistrano), Hualcará (San Pedro Abad), Chilcal, Montalván (El Dulce), entre otras de la zona. Entre 1556 y 1680, los negros trabajaron en el cultivo del trigo y después lo hicieron en los cañaverales.
Los chinchanos aseguran que los barcos españoles con gente de raza morena llegaron primero a sus costas. Según el Instituto Nacional de Cultura filial Chincha, en marzo de 1533 Hernando Pizarro visitó el reino de los chinchas, comunidad indígena de la zona sureña. Entre los soldados que traía figuraba un esclavo negro.
Posteriormente, en octubre de 1537, arribó al valle de San Juan (Chincha) Diego de Almagro, fundando allí la Villa de Santiago de Almagro, que hoy en Chincha Baja. Al frente de esa comuna quedó Diego Núñez de Mercado, estableciéndose también colonos españoles con algunos esclavos negros.
Años después, en 1550, llegaron a Santiago de Almagro los religiosos dominicos, encabezados por Fray Santo Tomás de Santo Domingo. Ellos se instalaron con 2 esclavos mandingas, que hacían labores domésticas.
Cada provincia cree tener la razón. Sin embargo, ante tanto alboroto, habría que recordar que hay negros en toda la costa del país (Zaña, Lima, Nasca, Acarí) e incluso en el mismísimo Puno.
Cañete dice ser la primera en haber defendido la cultura y el arte negro. Santiago Venturo Ferré lo afirma convencido. "La iniciativa para reunir a los cultores del arte partió de Cañete -afirma-. Así, en 1971 se llevo a cabo el Primer Festival Nacional de Arte Negro, en el que participaron invitados de Chincha, Lima y Aucallama (Huaral)".
Con más de 20 festivales en su haber, los cañetanos piden ser declarados oficialmente como anfitriones del folclor negro. La campaña del diputado Gutiérrez viene desde el año pasado y hoy el ambiente está cada vez más caldeado. Las radios han organizado campañas para defender la propuesta parlamentaria y la población esta pendiente de los acontecimientos. Para muchos, el hecho de que el grupo "Perú Negro" haya sido fundado por un cañetano como Ronaldo Campos, o que Caitro Soto y Manuel Donayre, artistas reconocidos internacionalmente, procedan de Cañete parecen ser, también, las razones de las autoridades de esa zona.
Mientras tanto, dicha ciudad sigue produciendo artistas. Pedro Flores, formó hace dos años "Cañete Negro", una agrupación de bailes que está demostrando un gran nivel artístico. Acaban de venir de una exitosa gira por el norte.
"Cañete divulga su arte y lo seguirá haciendo", afirma Álvaro Morales Charún, decimista que ha escrito versos en alusión al tema de la batalla que hoy libran los cañetanos.
Pero, es San Luis el distrito negro por excelencia. Si bien su población de color, formada por agricultores y albañiles, ha ido emigrando, los que quedan mantienen el culto del arte. Una de ellas es la señorita Lucía Ruiz Barrera, septuagenaria que empezó a cantar desde la década de 1920 en las misas en latín en su pueblo natal.
Hoy, postrada en una cama, no deja la alegría. "Todavía puedo cantar -dice- y cuando sane voy a salir de acá bailando". Ella fue una de las primeras en grabar discos de música negra -al igual que sus sobrinas Mercedes y Tértula Traslaviña- apoyada por Nicomedes Santa Cruz. "Canté con ellos después de asistir a una fiesta en Piñonate en la que estuvo Nicomedes Santa Cruz", dice.
San Luis también tiene reinas de baile. Juana Silva de Ayaucán está orgullosa de eso:9 de sus 11 hijos han recibido premios. La última es Isabel Ayaucán "Señorita Ritmo San Luis 1991". Todas ellas aseguran que es San Luis la cuna del folclor negro.
El diputado chinchano Francisco Pachas no piensa lo mismo. "He salido al frente para no dejarme arrebatar lo que le pertenece a Chincha". “He salido al frente
para no dejarme arrebatar lo que pertenece a Chincha por honor en la historia”,
afirma sin cortapisas.
El problema es que el
proyecto presentado por su rival, el diputado cañetano Germán Gutiérrez, tiene
el apoyo de otros 100 parlamentarios y se encuentra en la Cámara Baja con
dictamen favorable, desde enero del año pasado. Podría ser sancionado en las próximas
semanas.
Pachas rechaza esta posibilidad. “En el
hipotético caso que legislen apoyando a Cañete se habría dado lugar a una gran
injusticia. La reacción que tendría Chincha la desconozco, pero supongo que el
pueblo manifestaría su protesta. A mi me cortarían la cabeza… no sé”.
Para evitar que el pedido cañetano llegue a ser
una realidad, las autoridades y las entidades de Chincha han creado una
Comisión Permanente de Defensa del
Folclor y Arte Negro.
Se trata del brazo legal del combate contra los cañetanos. Prestos han tratado de remontar una ventaja que les llevan sus rivales cañetanos. Sus argumentos tienen solidez también.
En efecto, hoy es posible encontrar en Chincha distritos que mantienen un alto porcentaje de pobladores de raza negra. Se les puede ubicar en Larán, Chincha Baja, Tambo de Mora y en El Carmen, como en las ex haciendas San Regis y San José, así como en El Guayabo.
Todas esas zonas guardan monumentos históricos que han visto el trajinar laborioso y esclavizado de los negros. Es también por ello que los miembros de la Comisión Permanente de Defensa abogan porque Chincha sea declarada “Cuna y Capital del folclore y Arte Negro”.
Pudimos comprobar en Alto Larán, El Guayabo y El Carmen que las gentes de allí también saben de arte. Niños, cimbreantes muchachas y ancianos mantienen intactas las costumbres de sus ancestros y las practican sin problemas.
Amador Ballumbrosio, eximio violinista, y toda su familia pueden dar fe de la maestría artística de los pobladores de El Carmen. Músicos, decimistas y bailarines se confunden semanalmente, dejando a un lado las faenas agrícolas y el trabajo cotidiano.
Vicente Lavalle fue el más sereno en este fuego cruzado al estilo negro. “No queremos un conflicto con nuestros hermanos cañetanos, porque mas importante es que todos nos desarrollemos en armonía”, fue lo que dijo.
Pero, ¿Por qué tanto interés en ser la “Cuna del Arte Negro”? Aparte de las discusiones históricas y artísticas están los motivos los motivos de supervivencia. Obviamente, ser declarados “cuna del Arte Negro” permitiría a Cañete o Chincha acceder a recusaros del Estado y a consideraciones financieras que serian de beneficio para una u otra provincia. El turismo en esas zonas podrirá se potenciado.
Lo real, es que al margen de estas luchas que tienen mucho que ver con el exacerbado regionalismo, podría elaborarse un proyecto conjunto de desarrollo turístico y evitar las disputas inútiles. De ese parecer son Antonio Gálvez Ronceros, narrador chinchano, y Enrique Verástegui, poeta cañetano. “la disputa es irrelevante, cualquiera que sea el argumento, pues las manifestaciones afroperuanas se dan en las dos zonas -afirma el primero-. Esas cosas no debieran darse porque originan controversias y protestas. Creo que se trata de una ocurrencia impertinente, de un proyecto infeliz”.
Para Verástegui, que acaba de publicar “Monte de Goce”, importante texto de poesía, el asunto tiene cola. Dice: “Se trata de un viejo conflicto entre Chincha y Cañete. La solución sería denominar a Chincha “Capital de la conservación del Arte Negro” y a Cañete “Capital del Arte Negro”, o al revés. En todo caso, es un problema de falta de creatividad.
El poeta cree que esta disputa regional “tendrá sentido si es que defiende el arte negro, pero si Chincha o Cañete adquieren denominaciones importantes sin efectuarlas en sus prácticas festivas o en su vida cotidiana, ésta se convierte simplemente en una cuestión retórica”.
Mientras tanto el poeta cañetano Eduardo Verástegui, y el narrador chinchano Antonio Gálvez proponen un titulo honorífico para cada provincia, para evitar que la sangre legue al río.
La discusión esta abierta y posiblemente una de las últimas luchas se dé en el parlamento, cuando Francisco Pachas y Germán Gutiérrez se encuentren frente a frente para defender, cada uno, su punto de vista. Si no hay acuerdo, chinchanos y cañetanos tendrán que solucionar sus problemas de alguna manera. “Agarrarse a palazos no podrían -dice Verástegui-, para eso tendrían que cruzar el arenal inmenso que los separa”. Obviamente tendrán que utilizar formas civilizadas de entendimiento".
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