lunes, 19 de mayo de 2008

LUIS ALAYZA Y PAZ SOLDÁN: PALLAS Y DIABLIQUILLOS

Luis Alayza y Paz Soldán, diplomático y escritor, nos habla sobre la danza de pallas en la fiesta de San Juan. Lo más resaltante es que en el relato Pallas y Diabliquillas, texto antiguo (el escritor vivió entre 1883 y 1976), habla del uso del cajón en las fiestas.
.
PALLAS Y DIABLIQUILLOS
.
En la Fiesta de san fulano y mengano, patrón de tal o cual hacienda surgen visiones de tiempos antiguos, espectáculos de exóticas civilizaciones.
.
El día de San Juan he visto en la hacienda Arona los diabliquillos, danza negra que recorre los polvorientos callejones, entre mímicas y figuras que representan la lucha de un enorme demonio con una legión de diablillos.
.
Al compás de la música bárbara y con pasos característicos, cae el demonio en tierra y se precipitan sobre él los diablillos con garrotes amenazadores, pero en el momento en que van a descargar la paliza, una caída de la música hace que dé un salto Satán se ponga en pie, y continúa la danza trashumante.
.
Figura siempre en estas comparsas un viejo diablo que sigue, como aconsejándola a la turba de diablillos perseguidores de Satán, cubierto el rostro con enorme peluca y barba, hechas de un vellón con todas sus anas y sendos huecos para ojos, nariz y boca. Satán tiene una máscara de cuero sin curtir y una enorme diadema de plumas de gallo.
.
Todos los personajes llevan trajes ceñidos al cuerpo, como el vestido de punto de los barristas y trapecista de los circos.
.
En competencia con los diabliquillos, danzan las Pallas, cuadrillas de indios que bajan de la Cordillera, a cortar caña antes y hoy a apañar algodón; al compás de una música monótona, estúpida y capaz de neurastenizar al más flemático, bailan horas entras sin descansar, cubiertos de vistosos trajes de felpa de colores vivos, adornados con franjas metálicas, espejitos y brillantes lentejuelas.
.
Hay también pallas de negros, pero estas son alegres y danzan a los acentos del “Son de los Diablos”, tocando con arpa y cajón rajado y quemado, en el que tamborotea un negro, arrancando con sus manos paquidérmicas broncos sonidos, mientras otros restregan dos quijadas de borrico, dientes contra dientes, con estruendo de sierra gigante, tan desagradable y salvaje, que haría las delicias de un cabaret cultor del jazz.
.
He oído también cantos bárbaros en dialecto africano, importados por bozales y mandingas de las costas de Guinea. De alguna se conoce, por tradición, el sentido. El más impresionante es un romance que narra cómo un negro brujo, viejísimo ya, reunió a todos los esclavos de Cañete en el amplio patio de Montalbán, para despedirse. Iba a morir en la más avanzada senectud y pedía a sus compañeros de esclavatura que expresasen sus dolores y miserias para trasmitirlos al Padre Eterno y pedirle misericordia para sus desheredados hijos.
.
Después de casa estrofa entonada por un negro diferente, se cantaba en coro un estribillo cuyo sentido, impenetrable para la inteligencia, es elocuente y claro para la sensibilidad es el lei motif de color con que, invariablemente, termina el mensaje de cada esclavo al Padre Eterno. A veces reafirma el sufrimiento, sin esperanzas de la estrofa que lo precede; protesta otras con un estallido de maldición, rebeliones y terribles amenazas contra el blanco que le oprime.
.
Al final el romance relata, cómo el añoso brujo comienza a elevarse en el centro del patrio de Montalbán, rumbo al cielo, hasta perderse de vista entre la salmodia desesperada e incesante de los esclavos.
.
  • Cuadro Hacienda Arona. Cuadros y episodios peruanos (1867)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Saludos Eduardo: su sitio aparece tan bueno! Gracias!

~ Karen Juanita Carrillo